Lorena, la hermana menor de él. Venían furiosos, sudando bajo el sol y convencidos de que el escándalo era su mejor arma.
La orden de protección era clara: Mauricio no debía acercarse a Daniela ni comunicarse con ella. Pero Beatriz insistió en que aquello era “solo un papel” y que, si armaban suficiente ruido frente a los vecinos de una zona exclusiva, los padres de Daniela preferirían evitar la vergüenza.
Beatriz se plantó frente al portón.
—¡Daniela! ¡Sal y da la cara! ¡Después de todo lo que esta familia hizo