mil pesos. El viaje a Cancún del mes pasado también lo pagué yo. La membresía del spa de tu hija sale de mi tarjeta. No soy una mina sin fondo.
Beatriz se acercó temblando de furia.
—Eres una malagradecida.
Y la abofeteó.
El golpe fue tan fuerte que Daniela sintió un sabor metálico en la boca. Su labio se abrió. Durante años había tragado humillaciones para no “romper a la familia”. Pero aquella bofetada rompió algo distinto.
Daniela levantó la mirada.
Beatriz alzó la mano otra vez.
Esta vez, Daniela