“Yo no me casé para terminar cuidando a un discapacitado” -xurixuri

hice a un lado.

La mujer entró antes que todos.

Desde la cocina escuché su grito.

—¡Hijo!

Después vino un silencio tan fuerte que me hizo apretar las manos contra el fregadero.

Supe entonces que aquel hombre no solo tenía familia.

Tenía una familia que llevaba dos meses buscándolo.

La mujer se llamaba Beatriz Montiel. Era su madre. Me contó que durante dos meses contrataron brigadas, guías y helicópteros para recorrer ríos y barrancas. Su padre ya contemplaba la posibilidad de que hubiera muerto.

—Yo nunca la acepté —me dijo