los míos, el vaso de cristal se le resbaló de las manos y se hizo añicos contra el suelo. El sonido fue ensordecedor.
Se hizo un silencio sepulcral. A Diego se le fue la sangre a los pies. Su rostro pasó de la sorpresa al terror más absoluto. Parecía estar viendo a un fantasma. Valeria soltó un grito ahogado y se llevó las manos a la boca, levantándose de un salto. Doña Carmen dejó caer la bandeja; los bocadillos rodaron por la alfombra mientras ella se aferraba al marco de