ver la monstruosidad de hombre con el que se había involucrado. Doña Carmen se fue a vivir a un pueblito con una prima lejana, desterrada de la familia por la vergüenza, llorando por un hijo que, cegado por la ambición, destruyó su propio futuro.
Hoy, un año después de aquella noche, estoy sentada en el jardín de mi casa de treinta millones de pesos. Las rosas trepadoras están más hermosas que nunca. Mi madre está sentada a mi lado, tejiendo con calma. Mi hombro sanó, aunque a veces, cuando llueve,