Quiero que arreglemos las cosas, mi amor”, me dijo con una sonrisa que me pareció genuina. Fui una ilusa.
El primer día en el mar, al caer la noche, el viento soplaba fuerte. Yo estaba en la cubierta trasera, mirando las olas oscuras, con el chaleco salvavidas puesto porque siempre le he tenido terror al mar. De pronto, escuché sus pasos detrás de mí. Cuando quise voltear, sentí un golpe brutal, seco y despiadado en la espalda. En ese instante, mientras perdía el equilibrio y caía al abismo helado, supe