Durante dieciocho años le entregué mi juventud, mi dinero y mi paciencia a un hombre que me traicionó de la manera más baja, planeando un falso accidente náutico para tirarme al mar y apoderarse de la única propiedad que me quedaba en el mundo para entregársela a su amante en turno y a su madre alcahueta; logré sobrevivir de milagro a las aguas heladas y, cuando volví a casa diez días después con una carpeta de pruebas contundentes bajo el brazo, lo encontré brindando con champaña en la sala junto a su nueva familia; saqué mi teléfono, abrí el expediente de la fiscalía y le dije simplemente: “Salúdame a la policía cuando lleguen por ti”, antes de ver cómo su mundo perfecto se desmoronaba en mil pedazos frente a sus propios ojos.

que mi pesadilla apenas comenzaba y que lo que estaba a punto de desatarse superaba cualquier historia de terror…

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PARTE 2

El impacto contra el agua me sacó el aire. El dolor en mi hombro izquierdo fue tan agudo que casi pierdo el conocimiento; se me había dislocado. Tragué agua salada y, por instinto de supervivencia, pataleé hacia la superficie. Gracias a Dios llevaba el chaleco salvavidas. Grité con todas mis fuerzas, pero el ruido del motor y las olas ahogaron mi voz. Vi cómo el yate se alejaba