Mi nieta devolvió un anillo de diamante y al día siguiente un hombre en traje tocó mi puerta

camioneta negra se abrió y una señora de cabello blanco, muy delgada, descendió apoyada en un bastón. Era la mujer de la fotografía.

—Mi madre quiere conocer a Emilia —dijo Esteban—. Si usted lo permite.

Subí a despertar a mi nieta. Le dije que alguien quería conocerla, alguien que había querido mucho a su mamá. Bajó las escaleras en pijama, con el cabello despeinado, y se detuvo a medio camino al ver a la anciana.

Doña Beatriz abrió los brazos. Y Emilia, que nunca ha sido tímida, corrió hacia ella.