y un sobre grueso en la mano.
No abrí. Pregunté quién era.
—Buenos días, señora. Perdone la molestia. ¿Usted es la abuela de la niña que ayer encontró un anillo en el supermercado?
—Sí. Lo devolvimos a su dueña. ¿Hay algún problema?
Miró hacia la camioneta y bajó la voz.
—Señora, necesito mostrarle algo ahora mismo. Mi familia lleva años buscándolas a usted y a la niña.
Sentí un escalofrío. Sacó una fotografía vieja del sobre y la acercó a la rendija de la puerta. En ella, una joven sonreía