junto a una señora mayor que lucía el mismo anillo que Emilia había encontrado.
Pero no fue el diamante lo que me detuvo el corazón. Fue el rostro de la joven.
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Era Valeria. La esposa de mi hijo. La madre de Emilia. La mujer que enterramos hace tres años.
—¿De dónde sacó una foto de mi nuera?
Tragó saliva.
—Porque la señora que está a su lado es mi madre, doña Beatriz. Y Valeria era mi hermana.
Retrocedí con la mano aún en