de mi abuelo estaba blindada por viejas reglas morales: o me casaba con una mujer de reputación social intachable de esta ciudad, o todo el capital pasaba a una fundación de caridad. Tú eras la candidata perfecta: maestra de arte, de familia respetable pero sin poder económico, dócil, ingenua… y enamorada hasta los huesos.
—¿Y el viaje a Bora Bora? —susurré, sintiendo náuseas al recordar el itinerario privado—. ¿Qué pensabas hacerme allá?
Julián no contestó con palabras; su silencio cínico lo confirmó todo. No estaba planificada ninguna luna de miel