con carpetas en mano y órdenes judiciales a la vista. Detrás de ellos apareció mi tío Mateo, acompañado por el director regional de la Unidad de Inteligencia Financiera.
Julián frunció el ceño con soberbia y alzó la voz:
—¿Qué clase de ridiculez es esta? Soy Julián Alcázar. Quiten sus camionetas de inmediato; tenemos un vuelo privado programado.
—Señor Alcázar —dijo el comandante a cargo, mostrando su placa metálica—, queda usted formalmente notificado de una orden de arraigo y aseguramiento precautorio de cuentas por los delitos de tentativa de homicidio calificado,