PARTE 2 Y FINAL COMPLETO: LOS TRES GOLPES BAJO LA CASA

te convertía en buen hijo.

Aquello dolió porque contenía algo de verdad.

—No —dije—. Ahora sé

que no.

Pareció sorprendida.

—¿Qué?

—Debí llamar más.

»Debí visitar.

»Debí comprobar personalmente cómo estaban.

Respiré.

—Voy a vivir con esa culpa.

Brenda empezó a llorar más fuerte.

—Entonces entiendes.

—No.

La miré.

—Mi ausencia explica cómo tuviste oportunidad.

»No explica lo que elegiste hacer con ella.

Se quedó callada.

—Yo estaba agotada.

—Podías pedir ayuda.

—¡Tú nunca estabas!

—Podías llamarme.

—¡Te habías ido doce años!

—Podías contratar cuidadores con los dos mil dólares