y nos vas a dejar solas? Diego suspiró. —Mi mamá organizó la cena en León. Tú acabas de dar a luz; el viaje es pesado. Aquí tienen agua caliente y comida. Miré los vasos de sopa. —Esto no es comida para una mujer que está amamantando. —Si quieres algo, pide a domicilio. —No tengo dinero. —Luego te transfiero. Según vaya viendo. Esa frase me dolió más que un insulto. Dos años antes, Diego era el hombre que aparecía afuera de mi oficina con café cuando yo salía tarde. El que
Dos meses después de tener a nuestra hija, mi esposo se marchó con sus padres y me dejó sin dinero, con pañales contados y una caja de fideos. “Arréglate con esto hasta que regrese”, soltó. Yo no hice una escena; tomé a la bebé y volví con mis padres. Él pensó que bastaría con regresar y pedir perdón… hasta que su madre confesó por qué llevaba meses obligándome a ahorrar cada peso.