Mi hija decía que su cama se hacía pequeña cada noche. Pensé que era imaginación infantil… hasta que una cámara a las 2:13 de la madrugada me mostró a mi esposo llorando junto a ella.L

al colegio yo sola. Rodrigo insistió en acompañarnos, pero fingí una llamada de mi mamá y salí antes. Manejé por Eje Central con los dedos tan tensos que me dolían.

Antes de que entrara al salón, me agaché frente a ella.

—Hoy no te vas con nadie que no sea yo, ¿me oíste?

—¿Ni con papá?

Tragué saliva.

—Hoy no.

Valentina abrió mucho los ojos.

—¿Hice algo malo?

La abracé con fuerza.

—No, mi amor. Tú no hiciste nada. Nada.

Después llamé a mi amiga Karla, compañera mía de la