miedo que cualquier palabra.
—Tu parto fue cesárea, ¿verdad?
Asentí.
Recordé luces frías. Voces lejanas. El rostro de Rodrigo diciéndome que respirara. Después, oscuridad. Luego despertar con Valentina en brazos y un dolor enorme en el vientre.
También recordé algo que enterré durante ocho años: un llanto más débil, más lejano, que Rodrigo dijo que venía de la sala de al lado.
Karla apretó mi mano.
—Necesitas tu expediente obstétrico original.
—Rodrigo lo tiene.
—Entonces necesitas pruebas y una denuncia.
Antes de ir a la Fiscalía, cometí el error de