hombre respetado, elegante, de esos que hablan poco y todos obedecen. Con Valentina era cariñoso, pero distante. Siempre estaba cansado, siempre tenía una cirugía urgente, siempre había algo más importante que llegar temprano a casa.
Al principio pensé que lo de la cama era una ocurrencia. Pero al día siguiente Valentina volvió a decir lo mismo.
—Me despierto pegada a la orilla, mamá.
Luego, otra mañana:
—Siento que alguien me empuja.
Y después, mientras le amarraba las agujetas antes de llevarla a la escuela, soltó una frase que me dejó