Mi hija decía que su cama se hacía pequeña cada noche. Pensé que era imaginación infantil… hasta que una cámara a las 2:13 de la madrugada me mostró a mi esposo llorando junto a ella.L

no llegó a vivir conmigo de inmediato.

Y aunque me dolía, entendí que era lo correcto. No se puede arrancar a una niña de una vida y empujarla a otra solo porque la sangre grite. Hubo psicólogas, audiencias, visitas supervisadas y noches en que Valentina me preguntaba si su hermana vendría pronto a dormir.

Un día vino.

Puse dos camas en el cuarto de Valentina.

Dos.

Separadas.

Grandes.

Limpias.

Compré sábanas nuevas en el mercado de Portales y dos lamparitas: una de luna y otra de estrella.

—¿Y si quiero