dormir cerca de ella? —preguntó Valentina.
Miré a Lucía.
Lucía se encogió de hombros.
—Pero sin empujar —dijo.
Las tres nos reímos.
Fue una risa pequeña, cansada, milagrosa.
Antes de apagar la luz, Lucía sacó de su mochila un dibujo. Era una casa con dos ventanas, una mujer en medio y dos niñas tomadas de la mano.
No dijo “mamá”.
No todavía.
Me lo entregó y se metió bajo las cobijas.
Esa noche no instalé ninguna cámara.
Dejé la puerta abierta.
Me senté en el pasillo con una taza de