—Claro que sí, mi amor.
Le besé la frente, apagué la luz y dejé la puerta entreabierta.
Rodrigo se durmió rápido. Yo no. A las 2:13 de la madrugada, sin saber por qué, abrí la aplicación de la cámara desde mi celular.
Valentina dormía sola. La cama estaba despejada.
Respiré.
Iba a cerrar la aplicación cuando la puerta del cuarto se abrió lentamente.
La imagen era en blanco y negro, un poco granulosa, pero reconocí la silueta de inmediato.
Rodrigo.
Mi esposo entró descalzo, sin hacer ruido. Se quedó