Mi esposo regaló toda mi ropa de maternidad a su hermana y su mamá llegó con tres bolsas

meterte en esto.

—Creo que sí.

Su voz era tranquila, casi inquietante. Rodrigo me miró.

—¿Qué le dijiste?

—No culpes a tu esposa —dijo ella.

Abrió la primera bolsa. Dentro estaba mi ropa: el vestido azul, el cárdigan, las blusas. Había localizado a las compradoras por los anuncios, había ido a verlas una por una y les había devuelto su dinero para recuperarla. En la segunda bolsa, mi vestido verde salvia con su cinturón, doblado con cuidado. Una señora joven que lo había comprado, al enterarse de la historia, no