clóset. Entonces vi el gancho vacío donde había estado mi vestido favorito, de color verde salvia, y sentí un nudo en el estómago.
No sabía que ese clóset vacío era solo el comienzo.
Un clóset vacío
Me llamo Valentina Ríos, tengo treinta años y soy enfermera en Puebla. Mi esposo, Rodrigo, y yo esperábamos a nuestra primera hija. Ya teníamos el nombre: Alma.
Era sábado y volvía de un turno temprano agotador. Tenía los pies hinchados y me dolía la espalda. Solo quería una ducha, algo decente de comer y