Mi esposo regaló toda mi ropa de maternidad a su hermana y su mamá llegó con tres bolsas

por ayudar a tu hermana —dijo ella—. Fue por esconderlo.

Rodrigo se dejó caer en una silla y no pudo mirarme.

Después de la verdad
No hubo gritos. Hubo una conversación larga, con cuentas separadas, un plan para devolver cada peso a la cuenta de Alma, y la condición de que él pidiera perdón a su hermana por ocultar lo que había hecho y a mí por mentirme. Aceptó. Fernanda me envió una disculpa sincera y empezó a trabajar horas extra para devolverle a su hermano lo que le debía.