No sé si Rodrigo mereció una segunda oportunidad. Sí sé que doña Graciela nos la dio a los dos: a mí, la de decidir con la verdad en la mano.
El 24 de octubre posé junto al lago con mi vestido verde salvia, las manos sobre mi vientre y el sol tocándome la cara. Rodrigo sostuvo mi bolsa durante toda la sesión, sin decir nada, como alguien que aprende, tarde, a escuchar.Ver calendarios