Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

odias.

—No tienes idea de cuánto.

—Tienes derecho a odiarme. Pero necesito que me escuches antes de que sea demasiado tarde.

—¿Dónde está Ricardo?

Valeria comenzó a llorar.

—No está en Suiza.

—Eso ya lo sé.

—Y tampoco está aquí conmigo como te hicieron creer.

Me incorporé.

—¿Qué estás diciendo?

Hubo un silencio. Después escuché el llanto de un bebé al fondo, aunque Valeria me había dicho en sus publicaciones que todavía faltaban meses para el nacimiento.

—Mariana, el embarazo es real —dijo—. Pero hay algo que no sabes. Ricardo