—Lucía, hay algo que nunca te dije.
Levanté la cabeza.
—¿Qué cosa?
—Hace dos semanas fui a vuestra casa para llevarle un regalo a Valeria.
Recordé aquella visita.
Mauricio me había dicho que mi madre había llegado cuando todos estaban ocupados.
—¿Y?
Elena apretó los labios.
—Valeria me pidió que me quedara con ella hasta que se durmiera.
Sentí que el corazón se me aceleraba.
—¿Te dijo por qué?
Mi madre asintió lentamente.
—Me dijo que no le gustaba la luna de su habitación.
Me llevé una mano a la