PARTE 2: LA CÁMARA QUE CAMBIÓ TODO

la expresión de Mauricio cambiaba.

La seguridad que había mostrado segundos antes desapareció.

—Valeria, exageras —dijo rápidamente—. Solo estábamos hablando.

Lo miré desde el suelo.

Todavía tenía el cabello cortado sobre la ropa.

Todavía sentía las manos de su madre marcadas en mis muñecas.

Y aun así, lo único que sentía era una extraña tranquilidad.

Porque por primera vez en años, no estaba intentando convencerlos.

No estaba intentando salvar un matrimonio que ellos mismos habían destruido.

—¿Hablando? —respondí—. Qué curioso nombre le das a entrar a mi casa, sujetarme contra