Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

Un pequeño grabador.

Tenía pegado un papel:

Escucha hasta el final.

Teresa presionó el botón.

Primero escuchó ruido.

Luego la voz de Beatriz.

—Lo importante es que parezca algo del corazón. Ella ya tiene antecedentes. Si todo sale como debe, nadie va a hacer preguntas.

Silencio.

Después Mauricio:

—¿Y si descubren algo?

—No van a descubrir nada si dejas de ponerte nervioso.

La grabación terminó.

Teresa permaneció sentada en el piso varios minutos.

No gritó.

No rompió nada.

Sólo guardó cada documento exactamente como Camila lo había dejado.

De regreso