a Ciudad de México llamó a Ernesto Salgado, antiguo amigo de su difunto esposo y exfuncionario de procuración de justicia.
Esa misma noche Ernesto escuchó todo.
Cuando terminó la grabación, su expresión cambió.
—Teresa… esto es serio.
—¿Los pueden detener?
—Todavía no. Tenemos indicios muy fuertes, pero necesitamos confirmar los documentos, la grabación y, sobre todo, encontrar al médico relacionado con esas recetas. Sin pruebas periciales, un buen abogado puede cuestionarlo todo.
Entonces Ernesto reveló algo que Teresa jamás imaginó.
—Camila vino a verme tres semanas antes de morir.
Teresa