Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

a Ciudad de México llamó a Ernesto Salgado, antiguo amigo de su difunto esposo y exfuncionario de procuración de justicia.

Esa misma noche Ernesto escuchó todo.

Cuando terminó la grabación, su expresión cambió.

—Teresa… esto es serio.

—¿Los pueden detener?

—Todavía no. Tenemos indicios muy fuertes, pero necesitamos confirmar los documentos, la grabación y, sobre todo, encontrar al médico relacionado con esas recetas. Sin pruebas periciales, un buen abogado puede cuestionarlo todo.

Entonces Ernesto reveló algo que Teresa jamás imaginó.

—Camila vino a verme tres semanas antes de morir.

Teresa