Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

observaba.

Al llegar, encontró la casa abandonada, húmeda y llena de polvo.

La tercera tabla junto a la ventana seguía floja.

Metió la mano.

La lata todavía estaba allí.

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dormitorio
Dentro había copias de recetas médicas, fotografías de documentos, impresiones de conversaciones y una póliza de seguro de vida por más de seis millones de pesos.

El beneficiario era Mauricio.

Camila había marcado una fecha con rojo.

El seguro había alcanzado recientemente el periodo necesario para poder reclamarse.

Pero lo peor estaba debajo.