se quedó paralizada.
—¿Tú sabías?
—Sabía que tenía miedo. Empecé a investigar discretamente. Estaba buscando al médico cuando ella murió.
—¿Pudiste haberla salvado?
Ernesto bajó la mirada.
—No lo sé. Y llevo días haciéndome esa misma pregunta.
A la mañana siguiente apareció Beatriz en casa de Teresa con un pastel y una sonrisa triste.
Tomó café con ella, preguntó por su salud y habló de Camila.
Luego, fingiendo casualidad, soltó:
—¿Ayer saliste a algún lado?
La misma pregunta de Mauricio.
Antes de marcharse añadió:
—Si encuentras documentos de Camila, entrégaselos