a Mauricio. Todos. Para él es muy importante.
Dos días después Mauricio invitó a Teresa a un café.
Le llevó fotografías antiguas de Camila y habló durante media hora como el esposo perfecto.
Hasta que preguntó:
—Por cierto… ¿hace cuánto que no va a la casa de Morelos?
Teresa sintió que el corazón le golpeaba las costillas.
—Como tres años.
Mauricio sostuvo su mirada.
Sonrió.
—Qué raro. Camila hablaba mucho de ese lugar.
Cuando Teresa salió del café llamó inmediatamente a Ernesto.
—Ya saben que hay algo en esa casa.