Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

a Mauricio. Todos. Para él es muy importante.

Dos días después Mauricio invitó a Teresa a un café.

Le llevó fotografías antiguas de Camila y habló durante media hora como el esposo perfecto.

Hasta que preguntó:

—Por cierto… ¿hace cuánto que no va a la casa de Morelos?

Teresa sintió que el corazón le golpeaba las costillas.

—Como tres años.

Mauricio sostuvo su mirada.

Sonrió.

—Qué raro. Camila hablaba mucho de ese lugar.

Cuando Teresa salió del café llamó inmediatamente a Ernesto.

—Ya saben que hay algo en esa casa.