Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

cara de Mauricio cambió.

Fue mínimo.

Pero Teresa lo vio.

Su primera reacción no fue sorpresa.

Fue cálculo.

Sacó el teléfono.

—Voy a llamar a mi abogado.

—Está en su derecho —respondió uno de los investigadores.

Beatriz permaneció sentada.

Inmóvil.

Parecía una mujer que llevaba semanas imaginando exactamente aquel escenario.

Uno de los funcionarios colocó sobre la mesa copias certificadas de algunas conversaciones obtenidas durante las primeras diligencias.

Mauricio no dijo nada.

—Esta mañana —explicó— recibimos una declaración de un médico que reconoce haber emitido recetas irregulares a petición suya.