cara de Mauricio cambió.
Fue mínimo.
Pero Teresa lo vio.
Su primera reacción no fue sorpresa.
Fue cálculo.
Sacó el teléfono.
—Voy a llamar a mi abogado.
—Está en su derecho —respondió uno de los investigadores.
Beatriz permaneció sentada.
Inmóvil.
Parecía una mujer que llevaba semanas imaginando exactamente aquel escenario.
Uno de los funcionarios colocó sobre la mesa copias certificadas de algunas conversaciones obtenidas durante las primeras diligencias.
Mauricio no dijo nada.
—Esta mañana —explicó— recibimos una declaración de un médico que reconoce haber emitido recetas irregulares a petición suya.