Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

de la carta de Camila.

La original estaba protegida.

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La copia ya tenía las esquinas dobladas porque Teresa la llevaba consigo desde hacía meses.

Leyó en voz alta:

—“Mamá, si yo no alcanzo a hacerlo, tú sí. Yo creo en ti más de lo que tú crees en ti misma.”

Teresa sonrió mientras lloraba.

—Pues tenías razón, chamaca.

Miró hacia la ventana.

—Llegué tarde para salvarte… pero no llegué tarde para defenderte.

De regreso a Ciudad de México compró un pan dulce y