Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

eran el medicamento que su médico habitual le había indicado.

También había encontrado conversaciones extrañas entre Mauricio y Beatriz.

Y una póliza de seguro.

Hay más pruebas. Las escondí en nuestro lugar. El que sólo tú y yo conocemos. No hables con Mauricio. No hables con su mamá. Si yo no alcanzo a hacerlo, tú sí.

Teresa terminó de leer con las manos heladas.

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Entonces recordó las cajas preparadas antes del funeral.

La desesperación de Beatriz por quedarse con todas las pertenencias.