Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

Y aquella mirada cuando quiso llevarse la chamarra.

Miró hacia la ventana y dijo en voz baja:

—Ustedes sabían que Camila tenía algo.

En ese momento sonó su teléfono.

Era Mauricio.

—Suegra, sólo quería saber cómo amaneció… ¿Ha salido de casa hoy?

Teresa cerró los ojos.

Ya no tenía ninguna duda.

No estaban preocupados por ella.

Estaban comprobando cuánto sabía.

Y todavía no podía creer lo que estaba a punto de descubrir.

PARTE 2

El “lugar que sólo ellas conocían” era una vieja casa familiar cerca de Huitzilac, Morelos.

Cuando