hacer lo que pudiste no vuelve correcto todo lo que hiciste.
No hubo abrazo ni una reconciliación perfecta.
Antes de irse, sacó de su bolsa un dedal de metal. Era de mi padre, del costurero que usaba para remendar sus camisas.
—Esto era suyo. Debió ser tuyo desde hace mucho.
Lo dejó sobre la mesa.
Ese fue su modo de devolverme algo que había retenido demasiado tiempo.
Años después, mis hijos me preguntaban por ese dedal. Yo no les hablaba de villanos y santos, sino de personas orgullosas, heridas, generosas