Sus ojos estaban inyectados de sangre, como si no hubiera dormido en días.
—Me llamaron hace media hora del Ministerio Público —dijo Mendoza, con la voz quebrada por una angustia que no intentó ocultar—. Me dijeron que encontraron a un hombre mayor, atropellado, que coincidía con la descripción de mi padre. Él sufre de Alzheimer… salió de nuestra casa ayer en la tarde y se perdió. Díganme la verdad, ¿está vivo?
Lupita, temblando, señaló la camilla donde el anciano descansaba.
—Sí, señor Mendoza. Está vivo. Sufrimos mucho, pero se salvó