gracias a… gracias a la sangre de nuestra compañera Valeria.
Carlos Mendoza giró lentamente hacia Garza. Sus ojos eran témpanos de hielo.
—¿Usted autorizó el procedimiento? —le preguntó, en un tono bajo y peligroso.
Garza, tragando saliva ruidosamente y sudando frío, intentó acomodar la historia a su favor.
—Este… mire, Don Carlos. Fue un caso difícil. Yo… yo me apegue a los protocolos. Estaba a punto de reprender a este personal porque no siguieron las normas, la transfusión directa es un riesgo que yo no permito en mi hospital. Yo