exijo excelencia. De hecho, acabo de despedir a estas mujeres por su negligencia criminal.
—¿Despidió a las mujeres que le salvaron la vida a mi padre? —rugió Mendoza, con una furia contenida que hizo temblar hasta a los escoltas—. ¿Mientras usted las juzgaba por salvar a un supuesto “indigente”? No me crea estúpido, Garza. Sé perfectamente la clase de escoria que es usted. Mi fundación dona millones a este hospital, y lo hago para que atiendan a la gente, no para que usted decida quién vive y quién muere según