a Grace frente a un espejo.
Ella intentó una posición.
Terrible.
Me reí.
—Mamá.
—Lo siento.
—Hazlo tú.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Me lesioné.
—¿Nada?
Pensé.
Podía.
No profesionalmente.
Pero podía moverme.
Me quité los zapatos.
Entré.
Un plié.
Después otro.
Mis piernas protestaron.
Mi corazón también.
Pero no me rompí.
Grace aplaudió.
Lloré.
Años después abrí una fundación para bailarines lesionados.
No para devolverles exactamente la carrera perdida.
Para mostrarles que después de una identidad también existe vida.
34. Adrian en la gala de la fundación
Fue invitado como