hermano sonrió con desprecio.
—No pueden demostrar nada.
Entonces mi padre habló.
—Sí podemos.
Todos lo miramos.
Joaquín se levantó lentamente.
Caminó hasta el viejo reloj de pared y retiró
una pequeña llave escondida detrás.
—Hace tres meses empecé a sospechar que Sergio nos engañaba.
Abrió un armario.
Dentro había una grabadora digital.
—La instalé después de escuchar a Mónica decir que nos quitarían la casa.
Sergio palideció.
—Papá…
Joaquín lo miró con tristeza.
—Nunca pensé que tendría que protegerme de mi propio hijo.
Laura examinó los archivos.
Uno contenía