ocurrencia, pero ninguno sabía qué significaba realmente.
María permaneció unos instantes en silencio. De repente recordó que el
hombre siempre insistía en que nunca moviera una vieja tabla de madera ubicada debajo de la cama. Decía que era parte de la estructura y que podía romperse.
Durante diez años jamás cuestionó esa petición.
Movida por la curiosidad, se arrodilló y observó debajo de la cama con una linterna. Allí descubrió que aquella tabla no estaba fija. Era una tapa cuidadosamente camuflada.
Con ayuda de los