llamó.
—Daniela, quédate.
Me acerqué preparado para una corrección.
Ella dejó mi ensayo sobre el escritorio. Tenía la calificación más alta del grupo.
—Tienes algo que no se enseña —me dijo—. Hambre. Pero necesitas dirección.
Abrí una carpeta y sacó una convocatoria.
—Existe una beca nacional. Solo 15 estudiantes la ganan cada año. Cubre todo, manutención, intercambio académico y acceso a universidades asociadas.
Leí el nombre en silencio: Fundación Quetzal.
—Y la mejor becaria —agregó— da el discurso final en la sede de la universidad.
Sentí que el mundo se