envueltos, copas brillando. La descripción decía: “Mi familia completa”.
Completa.
Apagué el celular y miré mi cena: un pan dulce duro y café recalentado. Algo dentro de mí se rompió, pero no como se rompe una persona que se rinde. Se rompió como una puerta vieja que por fin deja pasar el aire.
Semanas después, entregué un ensayo para una clase de Finanzas Públicas. Lo hice cansada, con fiebre y después de limpiar oficinas hasta medianoche. Pensé que apenas cumpliría. Pero al terminar la clase, la profesora Elisa Robles me