Sus padres le dijeron “contigo sería tirar el dinero” y pagaron la universidad de su hermana; años después, frente a millas de personas, ella subió al escenario con una beca dorada y los obligó a mirarla por primera vez, sin poder esconder su vergüenza.

detenía.

Porque la sede de ese año era la misma universidad privada donde Mariana estudiaba con el dinero que a mí me negaron.

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La profesora Robles no me trató como víctima. Me trató como candidato. Eso me salvó. Me exigió más que nadie. Me devolvía ensayos llenos de marcas rojas, me hacía repetir exposiciones, me obligaba a hablar sin agachar la mirada. “Si tú no defiendes tu lugar, alguien con menos mérito lo ocupará sin pedir perdón”, me decía.

Durante 3 años viví al límite.