Sus padres le dijeron “contigo sería tirar el dinero” y pagaron la universidad de su hermana; años después, frente a millas de personas, ella subió al escenario con una beca dorada y los obligó a mirarla por primera vez, sin poder esconder su vergüenza.

Trabajé en cafeterías, di asesorías a alumnos de preparatoria, capturé datos para un despacho contable y limpié consultorios los fines de semana. Hubo días en que me bañaba con agua fría porque la caldera de la casa alquilada no servía. Hubo meses en que elegía entre imprimir lecturas o comprar fruta. Aún así, mi promedio subió hasta quedar entre los mejores de la generación.

Mientras tanto, Mariana subía historias desde Polanco, Coyoacán, conciertos, cenas con compañeros, viajes a Valle de Bravo. Mis papás comentaron todo con corazones y frases orgullosas.