de una mano.
—Dani… yo no sabía todo.
—No —respondí—. Pero tampoco quiste saber.
Esa frase la golpeó más que un reclamo. Bajó la mirada y lloró en silencio. Yo no la abracé. Todavía no. Algunas heridas no se cierran porque alguien llora frente a ti.
Mi papá respiró hondo.
—Me equivoqué contigo.
Durante años soñé con escuchar eso. Pensé que me curaría. Pero en ese momento comprendí que ya no necesitaba su confesión para saber quién era.
—Te equivocaste más contigo —le dije—. Porque creíste que amar a una