hija menos no tendría consecuencias.
No hubo gritos. No hubo escena familiar perfecta. Solo 4 personas paradas bajo el sol, rodeadas de aplausos ajenos y verdades propias.
Ese día no fui a la cena que habían reservado para Mariana. Me fui con la profesora Robles y mis compañeros de beca a comer tacos en una esquina cerca del metro. Reí hasta que me dolió la cara. Por primera vez en años, celebré sin sentir que ocupaba un lugar prestado.
Meses después aceptó un trabajo en una firma de análisis financiero