la mitad.
—Entonces ¿qué hago? —pregunté, tratando de que no se me quebrara la voz.
Mi papá ni siquiera me miró con culpa.
—Trabaja. Busca becas. Tú siempre encuentras la manera.
Mariana bajó la mirada, pero no dijo nada. Esa fue la primera vez que entendió que el silencio también puede ser una forma de traición.
Esa noche escuché a mi mamá hablar por teléfono con mi tía. No quería espiar, pero mi cuarto estaba pegado a la cocina.
—Daniela es lista, sí, pero Mariana tiene futuro social. A veces